domingo, 9 de febrero de 2014

Dejo este blog por otro espacio, pues no conozco sus confines, sus lectores, y quiero escribir algo más personal, algo de lo que me pueda avergonzar mucho, algo que no pueda controlar. Este espacio no es éso. No hay certeza en ello, hay un tal vez, uno muy horrendo e inusual, dado que es en base del tal vez que se edifican los hombres. El tiempo pasa alegre si no solamente optimista y por sí solo, y por eso mismo deseo hacer lo que haré. Aunque tampoco me gusta que me lean ¿en primer lugar, por qué se hizo todo ésto? 

sábado, 1 de febrero de 2014

Si nada es eterno, ciertamente el placer tampoco podrá serlo. Por tal, debería bastar su recuerdo para complacer la necesidad del individuo. El más inmediato ejemplo se puede dar quizás con comida. Si se tiene a fácil disposición una porción de alguna comida que resultó agradable en otros tiempos ¿por qué comerlo ahora? El placer de comerlo se irá y solo quedará el recuerdo. Comerlo significaría intentar llenar un balde enorme y sin base, y al mismo tiempo, en este caso, asumir consecuencias de más. A esto se podría replicar diciendo que lo que se desea es disfrutar el momento del placer, pero ¿qué presente se mantiene constante?, y si hubiera alguno seguramente generará ansia a la larga.  Resulta contraproducente, por tanto, entregarse al placer mismo, como entidad que se desvanece en sí, antes que a su idea o recuerdo. No es con simples réplicas de otro presente con las que debería uno contentarse, la idea de ello debe bastar. El hombre que tiene a su disposición un par de placeres debería pensar: el placer que me generará este objeto, como los anteriores gozos, terminará solo en el recuerdo. Esto debe aplicarse a los placeres casuales, mas no a los transcendentales, y si hubiera un caso en que uno pudiera cederse a ellos de manera moderada sería o con los amigos o con los seres más estimados.    

jueves, 30 de enero de 2014

     La opinión consensual de la belleza frecuentemente fuerza visiones de un rostro bello, en el caso del hombre, varonil y seguro; un cuerpo esbelto y de buena proporción y maneras que son o correctas o encantadoras, sin caer en lo excéntrico, claro está. El chico que observé no cumpliría con ninguna de las tres condiciones. Si se interrogara sobre su belleza a las tres primeras personas que pasaran por la calle, probablemente no verían lo que yo vi, solo notarían a un joven, que lejos de ser bendecido por el buen físico, tan solo fue eximido de padecer de fealdad. Sin embargo, qué temblores sentí en el clímax de la contemplación al verle caminar a unos cuantos metros de mí. 
     Estaba él, entre varios otros, insignificantes, jugando fútbol divirtiéndose en la persecución del balón a pasos salvajes y desmedidos. Un montón de tantos que el ojo conoce con poca distinción. De hecho, fue solo por observación deliberada que lo observé entre el gran tumulto, si era él solo uno de esos tantos, hubiera preferido no notarlo.
     El campo estaba recubierto por la luz del sol de tal manera que no había refugio en las sombras. En esas condiciones, todos resplandecían, y aún más en el juvenil juego de ostentación que era esa sesión de deporte, sin embargo con qué beldad se reflejaba en él a diferencia de otros. Su desordenado cabello negro, más oscuro que el habitual, era una melena armoniosa en la que se escondían sus pequeñas orejas a manera de sábanas amplias y frondosas, la misma armonía cumplía con las arqueadas cejas de la que él era su portador. Y sus piernas, en sus ligeros gestos, daban fe de un alma jubilosa. Podía notar en él, en su mirada helada y profundamente negra, la resignación de quien sabe lo que debe hacer, pero en lo que le concernía en esos momentos, solo estaba el juego.
      En defensa, extendía los brazos con regocijo dando medidos pasos hacia atrás, un tipo de baile que, a su manera de pensar, intimida al atacante y le asegura una posición estratégica. Cuando atacaba, no era quien anotaba, ni lo intentaba, ni parecía interesarle (es probable que solo estuviera jugando por compromiso), era quien en verdad no sabía qué hacer en esos momentos, pero su seguramente aguda intuición lograba compensar aquello. Corría y corría hasta el cansancio, y, cuando la posesión del balón estaba definitivamente fuera de su alcance recurría a quedarse parado observando el juego con paciencia. Ésos eran momentos en que su singular porte adquiría un aire de solemnidad. Se veía su forma, original y despistada, rodeada de sol, en un peculiar sentido de resplandor que se conformaba a ella. Allí, en territorio del campo que ha sido pisoteado por incontables chimpunes desarrollaba su juego, su fiel devoción a vivir en completo descuido, él, con toda la consonancia de su cuerpo, era quien, a mis ojos, hacía suyo el suelo. Ignoraba el aire que poseía, y demostraba en orgullo lo inasequible que podía resultar su ser incluso en shorts naranja y polos blancos cuello uve, como andaba él. Podía observar su postura, su extraña postura, que bien normal a simple vista, dejaba en evidencia la asimetría que generaban sus grandes caderas. Pero, a mis ojos, eran bultos de gloria, y  que muy probablemente eran la mofa de algunos. (¿Quién puede tomar a un hombre de grandes caderas en serio?) Y aún así andaba con sus maneras extrañas. Él caminaba como pato, dada la presencia de casi tanta panza como caderas, y lo haría aún en el calor de la zona de peligro. De vez en vez acomodaba su cabello, por comodidad y no vanidad. Ciertamente sus remates no eran exitosos -o siquiera amenazantes- , pero con qué afabilidad los trataba, sin la profesionalidad o la gran fuerza de un gran jugador, empero con la puntuación cómica de los ademanes de sus tobillos, y sus tantos otros gestos de gracia.
     Muy concentrado jugando para darse cuenta de que le observaba con dedicación, se sentó con agotamiento una vez acabado el juego (yo no jugué). Ni se le hubiera cruzado por la mente, yo espero. Aunque no fuera de gran importancia, pues probablemente solo fue mi reflejo lo que vi en él. Un compañero del salón comentó en broma que se parecía a mí. Si lo dijo por lo que ambos somos de grandes caderas, no lo sabría, pues no se sabe cuando se dicen cosas por decir y cuando no. Pero me hubiera gustado saber si es que él fuera o no alguien que participa activamente en ese tipo de encuentros o si solo lo hace de amistad. Se le veía muy original como para formar parte de ellos. Cualquier observador notaría que jugaba extraviado, de manera pasiva y solo fuera de instinto. 
     Que no se piense que fue una conexión especial, un ídolo de algún tipo o algo por el estilo. Él era -reitero- original en su manera de andar y su físico lo reforzaba, y eso, a mí parecer, es lo que hace la belleza. (Que sea conocido que para mí la belleza, estrictamente, no termina en lo físico.) El encuentro fue unilateral, como debió serlo, y, esperandzadamente, inaccesible. Después del encuentro sentí complacencia, e incluso me atrevo a decir que me quise un poco más o aprendí a hacerlo.  

     Además de eso, los días han pasado con alegría y he pensado extensamente acerca de temas que me conciernen tanto a mí como a todos. Debería aprender a admitirlo.  Hay muchas otras cosas sobre las cuales escribir, pero prefiero organizar mis ideas aún más antes de hacerlo.

martes, 28 de enero de 2014

viernes, 24 de enero de 2014

Los placeres largos ofrecen lo mismo que los placeres nimios, pero lo que ocurre con los segundos es que tienen como secuela al sufrimiento, o al menos lo tienen de una manera más temprana. De ésto podemos desprender que ningún placer es realmente subtancial si es que lo que le sigue no es más placer, o siquiera sosiego. Lo que el desesperado haría es intentar edificar sobre esos placeres improductivos un sistema más sólido de bienestar. Sin embargo, éstos, por su misma naturaleza de momentáneos, no son capaces de dar pie a tal tarea. Es en los placeres largos en que se debe cimentar el verdadero bienestar. Una vez fundado un placer duradero, digamos una relación sólida, una base de conocimientos con que el individuo se sienta contento o una etapa prometedora, los placeres nimios, cuando menos los menos degradados, adquieren un significado diferente. 




El gran festejo de basura, a-ver-quién-es-más-ingenioso-que-quién, que son los sitios como ask, facebook, twitter, instagram y tumblr. Y supongo que last.fm también. Siempre me siento forzado a tener algunas de ésas cuentas. ¿Entonces por qué simplemente no tenerlas? Eso es muy lógico, pero, en última instancia, inefectivo, dado que las mismas personas que pueden preguntárselo son las mismas que intentan encajar con gran esfuerzo. Yo asumo que no participo en tales sitios de la misma manera que ellos, pero cómo duele ver esa competencia constante de gorgoteos del ego, destellos de sabiduría adolescente, compasión ficticia y otras falsedades. Y, cuando interrogados, responden que es solo natural, la necesidad de atención es inevitable, ésto es lo que soy, yo no finjo, soy muy diferente, oh, disculpa, no sé sobre ello, todos lo hacen, tengo 'x' cuenta por mí y no por los demás, no pienso como el resto, por tanto no lo uso como el resto: excusas monumentales o ni siquiera se ponen a pensar en ello. Qué gran cinismo. A lo mejor, solo soy yo quien siente ese repudio ante el cual soy ambiguo, y los demás están bien. Puede bien ser mi forma de envidiar que otros tengan el gran respaldo de la masa y yo no. O, más probablemente, sea algo de varios matices, tal que la razón no se  entregue ni a ellos ni a mi. 

Oh bueno, que no se piense que deseo la extinción de los sitios, como podrían malentender las reacciones poco reflexionadas, pero es un gran descaro,o ,en los peores casos, una honestidad cínica, de parte de los usuarios crearse una página dedicada a la auto-celebración incesante. ¿Cuántas cosas habrán fingido solo para causar una impresión al otro? Pero, de la misma manera que se deben hacer cosas que no se desean, debo resignarme al gran otro, a pesar de que él haya llegado allí por audacia y no por razón. En fin, ¿qué puede importar fingir un poco más? le daré like a las cosas, visitaré tumblrs interesantes y depositaré preguntas con regocijo. ¿Qué haría si no? Ya me había apartado por bastante tiempo, y no hay tramas secretas o algo así. Que todo esto sirva como un último respiro de una gran queja. ;))))


  

miércoles, 22 de enero de 2014

Seeing as I can't stop wandering around the pages of others, I must do this at once. I promise myself that from hereby on I will not get mad. (˘◡˘)
Tu nombre en letras muy bonitas. ¿No sería lindo? Tu complacencia consumada. (U‿U✿)