Nana Kleinfrankenheim intenta ignorar las dificultades de la vida para vivirla auténtica, libre y vívida. Nana no duda, Nana busca su felicidad, Nana baila aquella canción con regocijo, tan admirable es Nana tan honesta y bella. Podemos encontrarla al borde de la muerte y aún podrá cantar. Para ella la vida no tiene por qué ser difícil, es bella simplemente, es una con la vida y no asume consecuencias o en todo caso las consecuencias la asumen a ella porque ella es así, resbalosa y golosa. Nana no entiende lo que pasa a su alrededor, no es ingenua sino que para ella el vivir solo implica gozo, gozo en los lujos, en los cafés, en el sexo, en el cine, en el baile. Sin embargo, los golpes de la vida buscan tumbarla aunque ella solo va con el viento. Si necesita ser prostituta, lo será pero lo será alegre. No hay quien impida a Nana.
Es difícil no sentirse identificado; la tragedia de Nana es la tragedia de todos. Es que no sabemos expresarnos, al menos no decimos lo que en verdad queremos ni sabemos como plasmar lo que sentimos en palabras y sufrimos por esto. Sufrimos porque la persona que queremos no entiende lo que sentimos y por lo tanto nunca sentirá una empatía fidedigna o porque las personas que cruzan diariamente en nuestras vidas nunca nos entenderán realmente y da igual si nuestras ideas tengan que cruzar la mente de nuestro compañero o un continente. A lo que me refiero es al dolor que es el no poder transmitir los pensamientos con toda su esencia a los demás, en cortas palabras; la tragedia del lenguaje.
Esta tragedia es horrible porque siempre está presente, y para Nana aún más porque implica pensar cosa que va en contra de sus ideales de felicidad eterna; cuando piensa muere, pasa con ella cuando empieza a cuestionar su felicidad como pasa con Porthos, tal como explica el filósofo. El mundo ideal de Nana es quizás el de todos. Un mundo en que no existan las palabras y en que los pensamientos se presenten puros, sin alteraciones. Es esta la razón por la que sufre cuando ve "La Passion de Jeanne d'Arc" de Carl Theodor Dreyer porque el sufrimiento de Juana de Arco es auténtico y no necesita de palabras, para ella y todos, las palabras son superficiales, pierden su sentido al ser usadas tan frecuentemente e incluso nos traicionan y nos hacen mentir casualmente.
Sin embargo, la tragedia del lenguaje es también el origen del arte. Solo un humano verdadero y valiente se atreverá a cruzar la imponente barrera del lenguaje y expresar lo inexpresable, romper con todos los esquemas y vivir. No olvidemos que detrás de la conversación de Anna Karina y el filósofo está la cámara y la presencia de Godard que asiente con la cabeza todo lo que dicen, finalmente ese es el arte de Godard; el cine que ante todo intenta transcender. Probamos también que la tragedia del lenguaje es también el origen de la literatura. Es la barrera del lenguaje que intentó sobrepasar Baudelaire y otros, pues no sería muy necesario el arte (al menos no en la forma en que la conocemos) si es que todos pudiéramos expresarnos sin límite.
Luego, Nana se consagra como mártir silenciosa, muerta por vivir demasiado y tan poco. "Vivir su Vida" porque en realidad nunca podremos vivirla.
Si es que odias como escribo y/o estás en desacuerdo conmigo al menos ambos podemos estar de acuerdo en que Anna es muy bella ¿Verdad?

No hay comentarios:
Publicar un comentario