Sobre "Dog Day Afternoon" de Sidney Lumet:
El espectáculo del crimen y la ambigüedad
En "Dog Day Afternoon" el crimen de Sonny y compañía se convierte en un espectáculo para el pueblo. Se goza del episodio a tal punto de celebrar a Sonny como símbolo de una generación en declive que está acostumbrada a la injusticia. Los newyorkinos simpatizan de él porque en varias formas es un torturado que se atrevió a ir en contra de lo establecido: "Attica", "¡Bajen las armas!", "Cerdo". Es increíble la acogida de Sonny y que por más que no haya duda de que este es un criminal el pueblo lo apoya, es más, hasta sus rehenes parecen apoyarlo. Y en pocas horas el atraco ya era un tema de intriga nacional. Todos son cómplices. Sonny ha gozado de un poder genuino que se alimenta tanto del resentimiento ante la ley como de la carisma. Es un criminal y una celebridad a la vez, indistinguible, voz del pueblo. Pero frente a todo, el pueblo goza del delito.
Veamos; a diario observamos todo tipo de acontecimientos que van desde huelgas, controversias, asesinatos, encarcelamientos, atropellos, en fin, una gama de maldades que podemos encontrar en cualquier rincón de nuestra cultura. Forman parte de nuestra vida, hasta nos fascinan en cierto modo. Sin darnos cuenta (como masa) los solemnizamos y convertimos al crimen en un espectáculo. Tomemos en cuenta las tantísimas publicaciones sobre Gacy y Manson, los filmes de Melville, la visión de la ley que tiene Godard o los tantos asesinatos a mano fría que ocurren en la páginas de la literatura. ¿Que habrá detrás del crimen que nos fascina? Probablemente seamos una sociedad degenerada tanto que le abrimos la puerta al mal en vez de darle reproche. Nos puede también fascinar los conceptos poderosos que se esconden detrás de los crímenes, por ejemplo, ¿Quién no sonreiría al enterarse que un grupo de malhechores pintaron La Casa Blanca de rosado? ¿A quién no se le congelaría la espalda de emoción al escuchar los testimonios de un atraco a gran escala? y más importante ¿Quién no sentiría empatía al saber que Sonny robaba un banco para pagar la operación de cambio de sexo de su amado(a) que adoraba "más que cualquier hombre haya adorado a otro hombre"? Nuestra intriga por el delito quizás se deba a que es una manera de retar a la definición de la libertad y de satisfacer nuestros pensamientos intrusos. Es complejo, es más bien una especie de propiedad psicológica abstrusa del consenso, y a la vez no sabemos si debemos preocuparnos o no. Que un criminal sea tan reconocido y famoso como algún artista me hace dudar sobre el pensamiento de las masas. ¿Acaso no es contradictorio? ¿Una poli que tiene como principios a los derechos fundamentales que exponga a un criminal casi de la misma manera en que expone a una persona merecedora? Pues es cierto, definitivamente gozamos de aquello que es ilegal y que nos parezca peligroso.
Lo deprimente sobre "Dog Day Afternoon"
No olvidemos que apenada la madre de Sonny exclama llorando: "Me acuerdo de lo bello que eras, de bebe eras tan hermoso. Teníamos tantas esperanzas." con toda razón; la decepción de una madre debe doler más que cualquier cantidad de años en la cárcel. Tampoco dejemos atrás que los hijos de Sonny están en Welfare despojados por siempre de una relación parental sana y que Leon es un degenerado sin solución que luego morirá de sida. El final de la película para mí fue los más desconcertador; nos deja con un sabor amargo casi de injusticia. Debe ser porque llegamos a simpatizar muchísimo con este par de ladrones que no supieron que hacer con ellos mismos.
"Dog Day Afternoon" es un panorama apesadumbrado que se revuelca entre nuestro sentido de justicia y empatía.

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