viernes, 5 de julio de 2013

Entrada #10

Sobre la soberbia:

Sí, soy soberbio, no es novedad. Desde hace mucho que sé que lo soy, pero hoy este anti-valor se ha recalcado más que nunca en mi silueta moral gracias a un profesor cuyo nombre no revelaré (mi blog es un blogcito de tantos, no una lista negra).

He aprendido, mejor dicho he re-descubierto, que el acto de soberbia no solo consiste en jactarse, en envidiar o en comportarse de forma descortés, sino también que se cola en toda experiencia vivida. Por ejemplo, al engañarme a mí mismo, al pretender, al apreciar, al escribir, al pensar, al tratar, al razonar, al esperar, soy inevitablemente soberbio. Me he dado cuenta que no pienso "voy a escribir porque me agrada" sino "este escrito lo escribiré yo", "voy a apreciar este filme" sino "este filme lo apreciaré yo". No soy el centro de nada. Por tanto, estos pensamientos resultan absurdos, ridículos, contradictorios. Es aplicable: "No importa que se dice/hace/cualquier verbo, lo que importa es el porqué". Esta frase es aplicable a todo y es también el líder de todo, la razón y todas sus posibles aplicaciones. Si digo tal, pues ya, doy una imagen de mi persona al decirlo, pero si digo algo que no pienso pues me contradigo gracias a mi soberbia e inevitablemente caigo en la falsedad. Entonces, concluimos que la soberbia es lo peor del mundo, el peor de los anti-valores, pues conlleva a la falsedad, lo no auténtico,lo banal y pasajero. ¿Qué debo hacer? Me siento horrible y muy confundido, no diré más de mis sentimientos porque incluso dudo de ellos.

La respuesta a estas cuestiones está en el otro. Es decir, en la empatía que se compromete a ayudar, tal como dijo ese profesorcito que tanto me desagrada. Pero, ¿necesariamente este es un arquetipo de una sabiduría que se debe seguir? Al parecer no lo es (pero sí lo es pero no pretende serlo, ni debe pretender serlo porque simplemente es por ser un estado por defecto de todo lo bueno, pero a la vez decir que es un camino a seguir es una contradicción enorme, la meta (esta meta tampoco es meta) consiste en lograrlo sin querer lograrlo ni buscar lograrlo, privilegio de pocos y resultado de mucho), pues el sabio no sigue y no pretende buscar la verdad, simplemente es sin saberlo y eso es lo que le hace grandioso: la ignorancia del saber. Blah, blah, blah leeré un poco sobre estos temas en El Banquete de Platón que también me ha dejado el profesor ese. Quizás, a la larga, el profesor es el mejor y yo no. Otro problema: inconscientemente siempre me creo el mejor, así lo digo, como un escupitajo, la verdad. También siento envidia cada vez que alguien logra, y he aprendido a discriminar a los demás en el afán de una falsa superioridad. Debo dejar de pensar de esta manera... Debo muchísimo a aquellas personas que echo de lado (pero de las cuales dependo) como para pensar y comportarme así. Es ridículo, estúpido, contradictorio, inconsecuente (como diría aquel profesor). A pesar que desprecio en cierto grado al profesor ese tan cultito y conservador, sus pensamientos me llevan a reflexionar un poquito. Otra persona que me da que pensar (tanto por ella como por sus pensamientos) es una compañera del salón (no me atrevo a dirigirle la palabra a pesar de que me atrae mucho y es muy inteligente, pero siempre la escucho y siempre tiene algo interesante que decir), ella dice que no debemos seguir a ninguna ideología, probablemente porque una ideología es un compromiso y es limitante, además es más divertido y más sabio (odio esa palabra) enfrentarse con todos los puntos de vista posibles y ser único, yo también he pensado todo eso, pero no lo demuestro con mis actos, la verdad es que en el salón me comporto como un idiota más, soy muy inmaduro, soy cosa muerta. Indudablemente el ser cosa muerta e inmadura es producto de la soberbia, la soberbia es el peor de los males, el más abundante, y el más delgado y difícil de percibir.




Adicional:
Este cuadro es genial, y no se diferencia tanto de la vida newyorquina que yo conocí. La misma desesperación, la misma esperanza, y la misma persecución. Tiene algo de admirable y dudoso.

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