Ciertamente, su belleza es muy extraña. La forma de su rostro es difícil de definir; los hundimientos alrededor de sus ojos emanan experiencia; la intrigante comodidad que exige la faz en conjunto es en parte resultado del extraño sentido de proporción entre sus labios y el resto de su rostro: es todo muy conmovedor. Y soy muy afortunado. Y quizás muy tonto. Termine o no pronto la era de esplendor en que somos un nosotros, pero a la vez individuos con aspiraciones distintas, no importa mucho. Hay mucho que agradecer. Y aún más por hacer, no solo con ella sino con todo. Qué importa que se ría de mi, que me deje con incertidumbre, que a veces no nos entendamos, que nuestros juegos bobos vivan y desvanezcan como arena, sin saber si significarán algo al final. Importa tan poco. Será hermoso mientras dure; vale no aferrarse ni exprimir los momentos buscando en ellos más momentos como cazadores hambrientos. Hay más en ello, en las habladurías y en las risas, no sé exactamente qué es, pero servirá de mucho, lo espero para ambos. Aunque son pocas las veces en que siento que me expreso como quiero, con toda intención.
Hay cadencia entre las resoluciones propuestas y el hecho de que se presente un nuevo comienzo. Prometer, prometer y prometer y rebalsar el vaso. Pobre de aquel que rebalse el vaso. El día de hoy pasará rápido y sus momentos serán atestados y bulliciosos. No sé si aún sigo sintiéndome solo, pero el año por pasar fue muy bello, aprendí mucho y sentí mucho.
En verdad, si no me avisaran que el año está por pasar, no lo sabría.
Allí está el perro, que de muchas maneras soy yo, incierto y mirando al vacío, entre esperanza y miedo.
Allí está el perro, que de muchas maneras soy yo, incierto y mirando al vacío, entre esperanza y miedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario