Lo que él necesitaba era encontrar en el mundo real la imagen irreal que su alma contemplaba constantemente. No sabía dónde encontrarlo ni cómo, pero una voz interior le decía que aquella imagen le había de salir al encuentro sin ningún acto positivo por parte suya... Habrían de encontrarse tranquilamente como si ya se conociesen de antemano, como si se hubieran dado una cita en una de aquellas puertas de los jardines o en algún otro sitio más secreto. Estarían solos, rodeados por el silencio y la obscuridad. Y en el momento de la suprema ternura se sentiría transfigurado. Se desharía en algo impalpable bajo los ojos de ella y se transfiguraría instantáneamente. La debilidad, la timidez, la inexperiencia caerían de él en aquel momento mágico.
Fragmento tomado de una traducción de A Portrait of the Artist as a Young Man de James Joyce
Son fragmentos como ése los que me conmueven de una manera muy íntima. Sin embargo, duele leerlo en español, pues lo imagino en su idioma original. En la lengua castellana suena como una posición bastante ensimismada y hasta quejumbrosa, pero créanme que al imaginarlo en su idioma original, es algo completamente distinto. O bueno, quizás no y solo soy yo. Sigo pensando que los idiomas influyen mucho en el sentido estético de las personas, en mí tienen un efecto muy profundo, tal que al pensar en inglés soy alguien y en español, otra persona. Y no se trata, fíjese usted, de la superioridad de un idioma sobre otro, como las precipitadas conclusiones suelen indicar.
¡Y Feliz Navidad, ignora el sol e imagina nieve!
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